La muerte de Antinoo: chismes antiguos

Adriano estaba inconsolable con la pérdida de su favorito en el río cenagoso, entre saurios torpes. Había perecido cuando ostentaba los atributos e insignias de Apolo.

En la última semana de octubre, probablemente del año 130, el amado Antinoo, en palabras del emperador Adriano, “cayó al Nilo”. La Historia Augusta, ese venerable acopio de rumores maldicientes, agrega:

Él perdió a su Antinoo mientras navegaba por el Nilo, y lloró por él como una mujer. En relación a ésto, hay varias opiniones: algunos afirman que se sacrificó a sí mismo por Adriano, otros que fue asesinado tanto por su belleza como la excesiva sensualidad de Adriano…

También está la relación de Dio Cassius, no menos murmuradora que la anterior:

Antinoo murió o bien porque cayó al Nilo, como Adriano escribe, o bien, como en verdad ocurrió, al ser ofrecido en sacrificio. Porque Adriano… era siempre muy curioso y empleaba adivinaciones y hechizos de todo tipo. Coherentemente, honró a Antínoo ya sea a causa de su amor por él o sea porque el joven había voluntariamente decidido morir por el emperador (era necesario que una vida se entregara libremente para el cumplimiento de los fines que Adriano tenía previstos).

La Historia Antigua explica con benevolencia la decisión del joven amante al tiempo que empaña las razones del emperador:

Otros ven sus motivos como píos y religiosos: ya que Adriano deseaba prolongar su vida por cualquier medio, los magos sugirieron que alguien debería morir voluntariamente en su lugar; todos se rehusaron. Sólo Antínoo se ofreció por sí mismo: por eso todos los homenajes rendidos a su memoria.

Estos informes compendian las especulaciones sobre uno de los más afamados escándalos amorosos y políticos de la Antigüedad. Éstas son, esencialmente, las fuentes de Ramos Sucre, como se colige de la tercera estrofa de “El secreto del Nilo“:

Adriano había seguido las inspiraciones de una curiosidad impía y las enseñanzas de una crítica presumida, al visitar osadamente el país de los mitos sabios, espectador inmóvil del misterio.

El poeta, sin embargo, es más indirecto en su presentación de la hipótesis del sacrificio de Antínoo. Pero esto es tema de otra nota.

* Notas relacionadas: El secreto del Nilo (el texto).

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