“Los habitantes de mi ciudad, capital de un reino abolido, empezaron a hablar de espantajos y maravillas” (“El familiar”). La estructura de la frase final —un nombre, la conjunción, otro nombre— es un rasgo estilístico de José Antonio Ramos Sucre, pero antes lo fue del Antiguo Testamento y de las literaturas de Grecia y de Roma. En el Antiguo Testamente, la emplea hasta el literariamente inferior libro de Daniel el profeta, quien «tuvo entendimiento en toda visión y sueños» (Dan. 1:17). Los tràgicos griegos también la favorecieron, aunque con menos frecuencia; Eurípides muestra en la Helena cómo su empleo puede dar lugar a acusaciones de oscuridad: “ὁ δὲ σὸς ἐν ἁλὶ κύμασί τε λέλοιπε βίοτον.» (l. 226-7)– tu esposo abandonó la vida en las olas del mar (literalmente: en la mar/sal y las olas).
Inexplicablemente, los griegos no incluyeron la secuencia de un nombre seguido de una conjunción y otro sustantivo entre las construcciones sintácticas o entre las figuras y tropos, y ello indica que su amplio uso en la literatura de Roma no se debió a una importación sino al carácter de los romanos y de su lengua. Julio César exhibió ambos cuando escribió en La guerra de las Galias: “quantum labore atque itinere legionarii milites efficere poterant” (5.19) – cuanto pudiera llevar el trabajo y la marcha de los soldados legionarios.
Pero fue Virgilio quien la usó con intensidad y maestría en la Eneida y las Geórgicas:
II. 192. quam pateris libamus et auro. – cual es el que libamos en páteras de oro (literalmente: de pátera y oro). (Geórgicas)
I.62. molemque et montes insuper altos imposuit. – y apiló encima de ellos una ingente montaña. (Eneida).
De Maurus Servius Honoratus, quien vivió entre los siglos IV y V, conservamos la frase griega que identificará la estructura: «ἓν διὰ δυοῖν» (uno mediante dos), de cuya forma latina deriva el nombre en español: hendíadis.
En su comentarios sobre Virgilio, Servius expuso las opiniones que se convertirán en doctrina:
molemque et montes id est, molem montis. Et est figura, ut una res in duas dividatur, metri causa interposita coniunctione, ut alio loco pateris libamus et auro, id est, pateris aureis.
una mole y una montaña, es decir, una ingente montaña [así traduce Echave-Sustaeta para la editorial Gredos]. Y es esta una figura en la que una idea o noción es dividida en dos al insertar una conjunción por razones métricas, como cuando en otro lugar escribe «libamos en pátera y oro», es decir, páteras de oro.
«pateris et auro pateris aureis: ἓν διὰ δυοῖν ut molemque et montes» – «páteras y oro | páteras de oro es hendíadis como mole y montes»
Servius registró, pues, el criterio que definirá la construcción o figura: un objeto o concepto se expresa mediante dos nombres enlazados por una conjunción. Así la distinguirá, por ejemplo, de la tautología:
«‘ornum cum ferro accisam crebrisque bipennibus’ (A 2.627) ferro et bipennibus tautologia est»
«por derribar un fresno de otros tiempos que a repetidos golpes de hacha y hierro han logrado socavar»: «hierro y hacha» es tautología. [en otro manuscrito se lee: «ferro et bipennibvs ἓν διὰ δυοῖν» —es decir: «hierro y hacha es hendíadis».
Servius también estableció el principio interpretativo de la hendíadis: el segundo sustantivo modifica o explica el primero, a la manera de un adjetivo o frase preposicional:
- «molemque et montes id est, molem montis»: «una mole y una montaña, es decir, una ingente montaña» o » la mole de un monte elevado», como traduce Fontán Barreiro para Alianza Editorial.
- «pateris libamus et auro, id est, pateris aureis»: » «libamos en pátera y oro», es decir, páteras doradas o páteras de oro».
Por todo lo anterior, el pasaje de «El familiar» —“espantajos y maravillas”— podría interpretarse como «espantajos maravillosos o maravillados», «espantajos de maravillas» y también «maravillas de espantajos».
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Continuará [ . . . ]
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