La tarea del testigo de Rubi Guerra. Impresiones (i)

La tarea del testigo de Rubi Guerra coloca al lector de Ramos Sucre al borde de la afrenta y casi de la traición. Mientras recorre esas páginas, el lector debe suspender o postergar el reconocimiento de frases, pensamientos, fechas y hechos que identifica como propios de la obra y vida del poeta. Las claves y palabras aparecen las más de las veces fieles, otras muchas desplazadas y transmutadas, siempre reconocibles, pero siempre asignadas a un personaje al que nunca abiertamente se identificará como José Antonio Ramos Sucre.

El lector de Ramos Sucre se halla, pues, literalmente en un entredicho: entre lo que dice el poeta y lo que dice el narrador de La tarea del testigo. Y precisamente por ello, ese lector no puede realizar la tarea de dar testimonio, ya que decir la verdad de uno es tergiversar, negar, invertir, mutilar o desplazar la del otro. En otras palabras, decir sólo una verdad es dar falso testimonio, aunque éste se quiera imparcial y aséptico y aun de buena voluntad.

La tarea del lector en entredicho no puede ser entonces la de separar la verdad de la mentira o la copia del original, sino atestiguar lo que está entre ellos. Su tarea es señalar el modo en que el texto de Rubi Guerra difiere repitiendo el de Ramos Sucre, sin negarlo o contradecirlo, ya que el texto ramosucreano es a la vez un texto de glosas o repeticiones comentadas, repeticiones y glosas no sólo de mitos e historias y literaturas pasadas, sino incluso de críticas y objeciones contemporáneas o futuras: “Los juicios acerca de mis dos libros —dice Ramos Sucre— han sido muy superficiales. No es fácil escribir un buen juicio sobre dos libros tan acendrados o refinados”.

La manera más obvia, y acaso más riesgosa, de iniciar esa tarea es indicando los préstamos e injertos de los textos de Ramos Sucre en el de Guerra.

La tarea del testigo registra una carta del Cónsul del 5 de febrero de 1930:

Finalmente me han dado de alta. Con seguridad científica, los médicos alemanaes afirman que la amibiasis ha desaparecido, las causas de mi insomnio, me dicen, habrá que buscarlas en mis nervios.” (p. 18)

En la misma fecha, Ramos Sucre escribió:

El Instituto tropical de Hamburgo asegura haberme curado la amibiasis perfectamente. Pero los trastornos nerviosos no han desaparecido aún y se manifiestan de modo contradictorio.

El Cónsul escribe el 9 de febrero de 1930:

Dos hombres y una mujer, hoscos y aburridos, me miran desde la barra; dicen en voz alta palabras que no logro comprender. A pesar del trato con médicos y enfermeras, el alemán sigue siendo una lengua con la que tengo dificultades. (pág. 21)

Ramos Sucre se refiere a lo mismo en una carta de un día antes:

Hablo bastante bien el alemán y lo oigo difícilmente. 8 de enero.

El Cónsul confía, el 13 de febrero de 1930, las traumáticas experiencias y relaciones familiares de su niñez:

el presbítero R.M., una eminencia, un sabio, pero también un imbécil que no sabía tratar con un niño ni atender a sus necesidades. Incurría en una severidad estúpida por causas baladíes. … Yo pasaba días y días sin salir a la calle y me asaltaban accesos de desesperación y permanecía horas llorando y riendo al mismo tiempo. (p. 27)

Ramos Sucre expresará en casi iguales palabras idénticas experiencias y sentimientos, sólo que las fecha el 25 de octubre de 1929:

El Padre Ramos ignoraba por completo el miramiento que se debe a un niño. Incurría en una severidad estúpida por causas baladíes. … Yo pasaba días y días sin salir a la calle y me asaltaban entonces accesos de desesperación y permanecía horas llorando y riendo al mismo tiempo.

El Cónsul confiesa, el 18 de febrero de 1930, su espíritu extranjero:

Me aterran los rugidos de la virtud antropófaga que, por fortuna, no se oyen por aquí. Yo debí nacer en Europa porque soy profundamente corrompido, o sea humano. (pag. 30)

Ramos Sucre declaró ese espíritu el 5 de febrero de 1930:

Los rugidos de la virtud antropófaga no se oyen por aquí. … Yo debí nacer en Europa porque soy profundamente corrompido o sea humano.

Nos nos apresuremos a reducir las anteriores préstamos o injertos a simple copias o reproducciones. Alguna vez el narrador le es infiel a Ramos Sucre:

Las dos o tres veces que acudió a esa mesa no abrió la boca, a pesar de los intentos bienintencionados de algunas señoras, empeñadas en descubrir en él cualidades sociales inexistentes. (p. 12)

Pero Ramos Sucre ya advirtió, el 8 de abril de 1930, contra tales inexactos juicios sobre su carácter:

Tú sabes que personas interesadas han esparcido por allí que yo soy intratable. No dejes triunfar esa infame leyenda. Yo soy muy accesible y cortés.

Ahora bien, este es el punto en que el lector de Ramos Sucre debe esquivar la lectura forense, la que sólo desmembra el texto para presentar evidencias. Ella sólo lo conduciría a remitir un texto al otro, a la filiación sin matices. ¿Pero puede un testigo identificar la glosa de la glosa y con ello el incierto origen del texto? En verdad, el lector de Ramos Sucre está obligado a dar cuenta de la novela y lo hará asociando los textos de ésta con los de aquél, arriesgándose a tergiversarla —justificada y necesariamente tal vez, pero no del todo—, pero al dar cuenta de ella, en cierta manera traicionará o le será infiel al poeta.

Creo que si lector de ambos textos quiere realizar la tarea del testigo, dar testimonio, deberá ubicarse en este entredicho, en este predicamento: entre dos dichos y dos predicados. Sospecho que las ideas de Kierkegaard sobre la reminiscencia y la repetición pueden ser de utilidad al lector de Ramos Sucre. Pero esto será objeto de otra nota.

Carolina: Doy acuse de haber recibido la novela el pasado 8 de julio. ¡Gracias!

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7 comentarios

  1. Publicado el 16/07/2009 a las 7:02 pm | Permalink

    Estimado Victor, recibe un cordial saludo. Te invito a visitar mi blog.
    Con la hermandad en la palabra.
    Leonardo

  2. Publicado el 28/07/2009 a las 12:29 pm | Permalink

    Estimado Victor, el poema EL MUNDO DE LOS MUERTOS ¿no es de Ramos Sucre?
    Oriéntame al respecto
    Saludos
    Leonardo

  3. Carolina
    Publicado el 11/08/2009 a las 5:53 pm | Permalink

    Hola, Víctor, no sé si tienes conocimiento de esto: http://www.ministeriodelacultura.gob.ve/index.php?option=com_content&task=view&id=8117&Itemid=192
    Saludos

  4. Víctor Azuaje
    Publicado el 12/08/2009 a las 2:49 pm | Permalink

    No Carolina, no sabía de este libro. Gracias por la información. Ya casi estoy de regreso, te escribo en estos días.

  5. Víctor Azuaje
    Publicado el 12/08/2009 a las 2:55 pm | Permalink

    Leonardo:
    No recuerdo el texto en las Obras Completas. Revisa el índice para asegurar. La otra opción es revisar Trizas de papel, el primer libro, de éste Ramos Sucre eliminó algunos textos. Mi ejemplar se quedó en Venezuela. En caso de ser un apócrifo, debería incluírsele entre los primeros textos, para que la atribución sea verosímil: en sus dos últimos libros, Ramos Sucre eliminó la partícula que. Me dejas sabes de tus pesquisas.

  6. Anónimo
    Publicado el 2/03/2010 a las 6:55 pm | Permalink

    Los investigadores de Ramos Sucre puden aquí disernir entre lo que se tiene preconcebido por datos biográficos y la visión que sobre él plantea el autor Rubi Guerra.
    J.E.G.

  7. Wilins Méndez
    Publicado el 26/07/2011 a las 2:12 pm | Permalink

    Uno de los aspectos más destacados de La Tarea del Testigo es, sin dudas, el atrevimiento que suponemos debe significar entrar en la imagen excelsa del poeta, en esa construcción que a lo largo de nuestras lecturas hemos hecho, para darle un giro más humano al punto de arrastrar nuestra imagen hasta terrenos que antes, de ninguna manera, hubiésemos podido concebir. Nosotros nos acercamos al dolor de Ramos Sucre y lo entendemos como un padecimiento elevado, una aflicción de altura. Rubi Guerra, por otra parte y aun cuando se permite pasear en esa línea, atiende a las repercusiones que esto implica en cuanto a la vida más “real” del ser, nos acerca al tema de las relaciones humanas, en su sentido más directo, más concreto. La tarea del Testigo es un puente entre el poeta y su universo. Focalizado en la relación con el otro gran poeta Salmerón Acosta, amigo de la infancia y, en el libro de Rubi Guerra, hasta de compincherías. Con las personas del centro médico en el que se hallaba y hasta en el encuentro sexual que tuvo con una mujer que le fue conseguida por el mismo Salmerón. Todo esto, además, ocurre en el movimiento vertiginoso de una investigación que raya en lo policial y que apenas se ve entrecortada por las cartas de J.A.
    La Tarea del Testigo es una novela rica en elementos que fluctúan entre el concepto y la metamorfosis que plantea Rubi Guerra, una verdadera osadía literaria y una excelente entrega.

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