Un texto descarriado

Duelo de arrabal” aparece en 1921, incluido en Trizas de papel, el primer libro de Ramos Sucre. En 1925, cuando el poeta refunde su obra previa, pasa a formar parte de La torre de Timón. Pero esos ocho años no son lo único que distancia a “Duelo de arrabal” de “El disidente”: también están su aparente filiación modernista y las tres apariciones del “que”, palabra luego desterrada por Ramos Sucre de sus textos. La primera vez aparece en una subordinada adjetiva: el “mal tremendo … que de orden divina diezma los primogénitos de Egipto”; la segunda, en la comparativa “peor enemigo que la muerte”; la tercera, en otra subordinada adjetiva: “los tristes que … desconocen el deleite de un recuerdo lloroso”.

Tan notorios como esos “que” son las afinidades de “Duelo de arrabal” con uno de los Cuentos frágiles del modernista mexicano Manuel Gutiérrez Nájera, “La balada de Año Nuevo”. En éste, una luz discreta ilumina a los padres llorosos y desesperados que ruegan inútilmente a Dios mientras contemplan la lenta muerte de su hijo; “la imagen de la Virgen vela a la cabecera de la cama” y acompaña la impotencia médica y paterna frente al mal. En “Duelo de arrabal”, “una lámpara mezquina” alumbra “los trémulos sollozos” y las “palabras ahogadas” de los padres y deudos ante el “pequeño ataúd … de un niño arrebatado por la muerte a la vida de arrabal”; nada lograron frente a “un mal tremendo” “los gestos de dolor” que “suplicaban a los cielos mudos”, ni las drogas “en irónica ofrenda a los pies del Crucifijo”.

Estéticamente, nada parece entonces distanciar más a “Duelo de arrabal” de un texto tan posterior como “El disidente”. Los aproximan, sin embargo, su interés por la temática social, la construcción en quiasmo, las alusiones sacrificiales, el recurso a la alegoría y la reflexión histórica. Y son precisamente las alusiones sacrificiales y la alegoría como parte de una reflexión social e histórica —quisiera mostrarlo en las próximas entradas— lo que separa a “Duelo de arrabal” de la estética modernista, ya que fue así como Ramos Sucre resolvió, en palabras de Guillermo Sucre, “el desnivel, que aún persiste en ella, entre el uso decorativo del mito y su visión estructural”.

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