Ramos Sucre habla de «las verdades de ardua metafísica que gobiernan la ciencia del lenguaje». Para que se entienda ese juicio, leamos estas líneas de Heidegger en «El origen de la obra de arte»:
La oración simple se compone del sujeto, que es la traducción latina —y esto quiere decir interpretación— del ὑποκείμενον y del predicado con el que se enuncian las características de la cosa. ¿Quién se atrevería a poner en tela de juicio estas sencillas relaciones fundamentales entre la cosa y la oración, entre la estructura de la oración y la estructura de la cosa? Y con todo, no nos queda más que preguntar si la estructura de la oración simple (la cópula del sujeto y predicado) es el reflejo de la estructura de la cosa (de la reunión de la sustancia con los accidentes). ¿O es que esa representación de la estructura de la cosa se ha diseñado según la estructura de la oración?
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