Ramosucreana

Notas sobre José Antonio Ramos Sucre


Sufrimiento propio como ajeno

La noción de sufrimiento vicario en «A un despojo del vicio» la encarna explícitamente el yo poético, quien afirma que “fijo como a una cruz estaba por los dolores propios y ajenos”. El desmembramiento e inversión del vocablo Crucifijo (“fijo como a una cruz”), establece metonímicamente —es decir, por proximidad espacial, temporal o conceptual— la conexión sacrificial entre la mujer y el yo poético: él está fijo a la cruz, ella la soporta sobre sus hombros.

La cruz vincula así los destinos de exclusión, sufrimiento y soledad: la vida de ella es “Interrumpida por quejas. . .” y es “toda dolor o afrenta”; el yo poético afirma no sólo que era más infeliz que ella, sino que “iba también quejumbroso y aislado por la vida”. La mujer está aislada desde el nacimiento, y él, una vez muerta ella, “sin aquel afecto que moriría pronto contigo, estaría solo”.

La cruz señala entonces el compartido destino que la mujer y el yo poético sufren —cuando no buscan o eligen—: la exclusión social. También vincula la naturaleza vicaria de sus sufrimientos: ambos padecen “por los dolores propios y ajenos”. Pero esos destinos y sufrimientos no son semejantes: a ella la distingue la infamia y a él la caridad; al final, ella muere y él queda solo.

El ave, el cordero, el Siervo y la cruz son pues, en un sentido general, metáforas de la mujer y el yo poético. Pero en un estricto sentido expiatorio, no hay semejanza entre el Cristo, la mujer y el yo poético: la cruz que la mujer carga no redime a otros, y su fe o creencia en el yo poético como salvador tiene como fundamento la ignorancia. Esa tarea salvadora es un engaño o una ilusión. No todo caliz amargo o abominable impureza hace redentora a una víctima.

El intercambio de atributos es un espejismo. Vale entonces hablar menos de metáfora y más de catacresis: la imposición arbitraria de un significado a un referente. Catacresis por metonimia, por yuxtaposición narrativa. Ese movimiento retórico subvierte la relación entre sentido propio y figurado adoptada por la crónica periodística, que “registrando el suceso, no diría . . . [el] nombre de emperatriz o heroína, sustituyéndolo por el apodo infamante”.

El fundamento real de la imposición tropológica sobre la mujer y el yo poético no es, por tanto, la semejanza de atributos, sino la semejanza por contigüidad con el ave, el cordero y la cruz —y, por extensión, con los cabríos emisarios del Yom Kippur y el Siervo de Isaías como tipos o figuras sacrificiales del Cristo.

* Notas relacionadas: A un despojo del vicio (el texto) | La Sierva Sufriente: el modelo de Isaías 53.



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