Dialéctica: otro camino a la alegoría (II)

La imposibilidad de reconciliar dialécticamente a los contrarios en “A un despojo del vicio”, puede verse como un eco ritual del imperfecto sacrificio de las víctimas.

La Antigüedad en general creía que una ofrenda aceptable a los dioses debía satisfacer ciertos requisitos. Uno era el asentimiento de la víctima: Marcel Detienne escribe que “cuando algunos animales se rehúsan a dirigirse hacia al altrar o, más raramente, se apresuran, . . . el ritual sacrificial se corrompe y pervierte”. La continua queja de la mujer pública, su condición de “cordero querelloso y herido”, contraviene el requerimiento de entrega voluntaria e incluso complacida de la víctima, y pervierte así el sacrificio efectuado en “A un despojo del vicio”. Igual puede decirse del “quejumbroso” yo poético.

Quizá sea menos evidente que el juicio se aplica también a este texto de estructura quiasmática, en forma de cruz, a esta cruci-ficción que imita mediante la repetición del sonido /k/ el rumor velar del quejoso llanto entrecortado: “caíste en mis brazos amorosos, tú, que habías y eras casta, reducida por la adversidad a lastimosa condición de ave cansada, de cordero querelloso y herido. Interrumpida por quejas fue la historia de tu vida. . .”.

Tres sacrificios corrompidos por la renuencia de la víctima. La sucesión de frustradas ofrendas no sólo muestra el movimiento antitotalizador o reconciliador del texto, sino también la tensión entre sus movimientos sacrificiales y antisacrificiales, a favor y en contra del sacrificio, la “heterogeneidad abundante y sucesiva” de que habla Ramos Sucre y que conjuga fuentes míticas, históricas, literarias y el examen que hizo de ellas.

Movimiento sacrificial: la completa degradación de la mujer, su exclusión y la del yo poético, se ajustan a las exigencias de la lógica sacrificial: vejación de la víctima y su expulsión o muerte a fin de mantener el orden social. A esa lógica obedecen también la multiplicación de los sacrificios.

Julia Dyson sostiene que las repetidas fallas de Eneas en ejecutar apropiadamente los sacrificios (transgresión que los romanos denominaban piacula) son la razón de las reiteradas muertes compensatorias en la Eneida, ya que con ello incurre en nuevas faltas que ameritan expiación. Ese propósito reparador se adivina en la muerte de los hijos de Aarón, quemados por ofrecer “delante de Jehová, fuego extraño, que él nunca les mandó” (Lev. 10: 1-2). Análogamente, la resistencia de la mujer pública exige nuevas víctimas para desagravio: el yo poético y el propio texto, cuyas inconformidades a su vez desvirtúan cualquier efecto compensatorio y reconciliador del sacrificio.

Movimiento antisacrificial: Al darle espacio preferente a las quejas de la mujer y a la quejumbre del yo poético, el sacrificio se considera desde el punto de vista de las víctimas y no del sacrificador. En esta forma, “A un despojo del vicio” revela no sólo la inefectividad sino también el costo personal de la lógica que demanda la entrega de uno por otro o por muchos, sea para salvar un nombre ilustre o una estructura social.

El texto ciertamente presenta la vendetta sacrificial, pero también muestra la inconformidad de la víctima con su desventurada situación. La lógica de honor y satisfacción social que justifica el abandono y explotación y posterior muerte de la mujer, su necesario y progresivo envilecimiento como víctima que carga las transgresiones, se confronta con la visión femenina —aunque a través del masculino yo poético— de un sufrimiento absolutamente injustificado.

Al contrario del Siervo de Isaías, quien “no abrió su boca: como cordero fué llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Is. 53:7), la expósita, ante la muerte inminente y el encuentro con su aparente salvador, no oculta su queja —“Era la primera vez que no la sofocabas en silencio. . . ”—; una queja que se deja escuchar contra “los cielos demasiado lejanos” y “los hombres demasiado indiferentes”.

La voz de la víctima atestigua que el texto de Sucre no es mera reescritura de sus fuentes sacrificiales sino examen crítico de las nociones de purificación, de los mecanismos de exclusión y de la exigencia de sumisión que justifican y perpetúan la segregación de la mujer con destino público. “A un despojo del vicio” rechaza el mancillamiento y silenciamiento de la víctima para que represente mejor las culpas sociales y se justifique y encubra su exclusión o muerte.

Las quejas de la mujer que soporta “el peso de una cruz” son, por tanto, un antitipo o un cumplimiento del lama sabachtani del Cristo. Este movimiento antisacrificial cuestiona la eficacia del control social de las transgresiones y diferencias por medio del acallamiento y eliminación o expulsión de una minoría.

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