El rito (de Las formas del fuego)

Me habían traído hasta allí con los ojos vendados. Llamas sinuosas corrían sobre el piso del santuario en ciertos momentos de la noche sepulcral, subían las columnas y embellecían la flor exquisita del acanto.

Me habían traído hasta allí con los ojos vendados. Llamas sinuosas corrían sobre el piso del santuario en ciertos momentos de la noche sepulcral, subían las columnas y embellecían la flor exquisita del acanto.

Las cariátides de rostro sereno, sostenían en la mano balanzas emblemáticas y lámparas extintas.

Me propongo dedicar un recuerdo a mi compañero de aquellos días de soledad. Era amable y prudente y juntaba los dones más estimados de la naturaleza. Aplazaba constantemente la respuesta de mis preguntas ansiosas. Yo le llevaba unos años.

Él murió a manos de una turba delirante, enemiga de su piedad. Me había dejado en la ignorancia de su origen y de sus servicios.

Yo estuve cerca de abandonarme a la desesperación. Recuperé el sosiego invocando su nombre, durante una semana, a la orilla del mar y en presencia del sol agónico.

Yo retenía un puñado de sus cenizas en la mano izquierda y lo llamaba tres veces consecutivas.

“El superviviente” de Ramos Sucre en inglés

Guillermo Parra ha publicado su traducción de “El superviviente” en su blog. Aquí el enlace:
El superviviente

Ramos Sucre en inglés. Traducciones de Guillermo Parra

Guillermo Parra ha traducido al inglés varios textos de Ramos Sucre. Algunas dificultades de esa tarea son evidentes: las referencias históricas o culturales y los giros etimológicos.

La traducción de “El Disidente” es un ejemplo de ellas. Parra elige traducir “cabrío emisario” literalmente: “emissary goat”, en lugar de emplear el vocablo “scapegoat”, más común en inglés. La referencia se oscurece, pero la literalidad conserva las alusiones rituales que enlazan al cabrío con el ave nocturna.

Otra dificultad: ¿Puede indicar el lector una mejor traducción para “asombradizo” (“easily-alarmed”), que en el español moderno significa “espantadizo” y en el antiguo “sombrío”, y que por ello crea otro enlace con la frase “ave nocturna”?

Dejo aquí la traducción completa de “El Disidente”, que puede consultarse en el blog de Parra, acompañada del texto original.

The Dissident

San Francisco De Sales advised channeling invectives at the demon, to drive him away from our presence. I had read in another ascetic writer about the healthy habit of throwing oneself face down on the naked earth.
The crowd of the possessed had disturbed the attention of Bodin, the honest French jurist, and motivated extensive works from his pen.
The tortures spread terror and grieved the spirit. The cases of alienation multiplied and the father of a hanged man declared himself equal to Jesus Christ and went out at night to complain with a sepulchral voice.
I never reconciled myself with the gloomy art of the bewitched and I was able to wait at close range for the end of the bonfires of repression.
Amid the constant threat, I wanted to expiate my ignored faults and throw off the satellites of an easily-alarmed power. I remembered the ceremony of the Israelites with the emissary goat and I used it with a nocturnal bird.

He aquí el texto original:

EL DISIDENTE

SAN FRANCISCO DE SALES aconsejaba dirigir invectivas al demonio, para alejarlo de nuestra presencia. Yo había leído en otro escritor ascético la costumbre saludable de arrojarse de bruces sobre la tierra desnuda.
La muchedumbre de los posesos había molestado la atención de Bodin, el probo jurisconsulto francés, y motivado largos trabajos de su pluma.
Los suplicios difundían el terror y contristaban el ánimo. Se multiplicaron los casos de enajenación y el padre de un ahorcado se declaró igual a Jesucristo y salió de noche a quejarse con voz sepulcral.
No me avine jamás con el arte lúgubre de aquellos hechizados y pude esperar a mansalva el fin de las hogueras de la represión.
En medio de la amenaza constante, quise expiar mis culpas ignoradas y despistar los satélites de un poder asombradizo. Recordé la ceremonia de los israelitas con el cabrío emisario y la usé con un ave nocturna.

* Notas relacionadas: Biografía de Ramos Sucre por Guillermo Parra en el blog del Project for Innovative Poetry.

Le chant inquietm: Antología de Ramos Sucre en francés

Mi amiga Carolina Lozada me envió esta información que comparto con Uds.:

La Casa Nacional de las Letras Andrés Bello presentará el libro El canto anhelante (Le chant inquietm), antología basada en la obra del poeta venezolano José Antonio Ramos Sucre, este martes 11 de agosto a las 2:00pm, en el salón Rojo de esta institución.

Esta obra, escrita y traducida al francés por François Migeot y editada conjuntamente por Monte Ávila Editores Latinoamericana y L’atelier du grand tétras, de Besançon, Francia, fue realizada con motivo de cumplirse en el 2010 los 80 años de la muerte del poeta José Antonio Ramos Sucre en Ginebra.

Asimismo Migeot ha recibido la invitación del Salón de Literatura de Ginebra y la Casa de América Latina en París, para presentar este libro el año próximo.

La nota completa la pueden leer aquí.

La tarea del testigo de Rubi Guerra. Impresiones (i)

La tarea del testigo de Rubi Guerra coloca al lector de Ramos Sucre al borde de la afrenta y casi de la traición. Mientras recorre esas páginas, el lector debe suspender o postergar el reconocimiento de frases, pensamientos, fechas y hechos que identifica como propios de la obra y vida del poeta. Las claves y palabras aparecen las más de las veces fieles, otras muchas desplazadas y transmutadas, siempre reconocibles, pero siempre asignadas a un personaje al que nunca abiertamente se identificará como José Antonio Ramos Sucre.

El lector de Ramos Sucre se halla, pues, literalmente en un entredicho: entre lo que dice el poeta y lo que dice el narrador de La tarea del testigo. Y precisamente por ello, ese lector no puede realizar la tarea de dar testimonio, ya que decir la verdad de uno es tergiversar, negar, invertir, mutilar o desplazar la del otro. En otras palabras, decir sólo una verdad es dar falso testimonio, aunque éste se quiera imparcial y aséptico y aun de buena voluntad.

La tarea del lector en entredicho no puede ser entonces la de separar la verdad de la mentira o la copia del original, sino atestiguar lo que está entre ellos. Su tarea es señalar el modo en que el texto de Rubi Guerra difiere repitiendo el de Ramos Sucre, sin negarlo o contradecirlo, ya que el texto ramosucreano es a la vez un texto de glosas o repeticiones comentadas, repeticiones y glosas no sólo de mitos e historias y literaturas pasadas, sino incluso de críticas y objeciones contemporáneas o futuras: “Los juicios acerca de mis dos libros —dice Ramos Sucre— han sido muy superficiales. No es fácil escribir un buen juicio sobre dos libros tan acendrados o refinados”.

La manera más obvia, y acaso más riesgosa, de iniciar esa tarea es indicando los préstamos e injertos de los textos de Ramos Sucre en el de Guerra.

La tarea del testigo registra una carta del Cónsul del 5 de febrero de 1930:

Finalmente me han dado de alta. Con seguridad científica, los médicos alemanaes afirman que la amibiasis ha desaparecido, las causas de mi insomnio, me dicen, habrá que buscarlas en mis nervios.” (p. 18)

En la misma fecha, Ramos Sucre escribió:

El Instituto tropical de Hamburgo asegura haberme curado la amibiasis perfectamente. Pero los trastornos nerviosos no han desaparecido aún y se manifiestan de modo contradictorio.

El Cónsul escribe el 9 de febrero de 1930:

Dos hombres y una mujer, hoscos y aburridos, me miran desde la barra; dicen en voz alta palabras que no logro comprender. A pesar del trato con médicos y enfermeras, el alemán sigue siendo una lengua con la que tengo dificultades. (pág. 21)

Ramos Sucre se refiere a lo mismo en una carta de un día antes:

Hablo bastante bien el alemán y lo oigo difícilmente. 8 de enero.

El Cónsul confía, el 13 de febrero de 1930, las traumáticas experiencias y relaciones familiares de su niñez:

el presbítero R.M., una eminencia, un sabio, pero también un imbécil que no sabía tratar con un niño ni atender a sus necesidades. Incurría en una severidad estúpida por causas baladíes. … Yo pasaba días y días sin salir a la calle y me asaltaban accesos de desesperación y permanecía horas llorando y riendo al mismo tiempo. (p. 27)

Ramos Sucre expresará en casi iguales palabras idénticas experiencias y sentimientos, sólo que las fecha el 25 de octubre de 1929:

El Padre Ramos ignoraba por completo el miramiento que se debe a un niño. Incurría en una severidad estúpida por causas baladíes. … Yo pasaba días y días sin salir a la calle y me asaltaban entonces accesos de desesperación y permanecía horas llorando y riendo al mismo tiempo.

El Cónsul confiesa, el 18 de febrero de 1930, su espíritu extranjero:

Me aterran los rugidos de la virtud antropófaga que, por fortuna, no se oyen por aquí. Yo debí nacer en Europa porque soy profundamente corrompido, o sea humano. (pag. 30)

Ramos Sucre declaró ese espíritu el 5 de febrero de 1930:

Los rugidos de la virtud antropófaga no se oyen por aquí. … Yo debí nacer en Europa porque soy profundamente corrompido o sea humano.

Nos nos apresuremos a reducir las anteriores préstamos o injertos a simple copias o reproducciones. Alguna vez el narrador le es infiel a Ramos Sucre:

Las dos o tres veces que acudió a esa mesa no abrió la boca, a pesar de los intentos bienintencionados de algunas señoras, empeñadas en descubrir en él cualidades sociales inexistentes. (p. 12)

Pero Ramos Sucre ya advirtió, el 8 de abril de 1930, contra tales inexactos juicios sobre su carácter:

Tú sabes que personas interesadas han esparcido por allí que yo soy intratable. No dejes triunfar esa infame leyenda. Yo soy muy accesible y cortés.

Ahora bien, este es el punto en que el lector de Ramos Sucre debe esquivar la lectura forense, la que sólo desmembra el texto para presentar evidencias. Ella sólo lo conduciría a remitir un texto al otro, a la filiación sin matices. ¿Pero puede un testigo identificar la glosa de la glosa y con ello el incierto origen del texto? En verdad, el lector de Ramos Sucre está obligado a dar cuenta de la novela y lo hará asociando los textos de ésta con los de aquél, arriesgándose a tergiversarla —justificada y necesariamente tal vez, pero no del todo—, pero al dar cuenta de ella, en cierta manera traicionará o le será infiel al poeta.

Creo que si lector de ambos textos quiere realizar la tarea del testigo, dar testimonio, deberá ubicarse en este entredicho, en este predicamento: entre dos dichos y dos predicados. Sospecho que las ideas de Kierkegaard sobre la reminiscencia y la repetición pueden ser de utilidad al lector de Ramos Sucre. Pero esto será objeto de otra nota.

Carolina: Doy acuse de haber recibido la novela el pasado 8 de julio. ¡Gracias!

La poesía de José Antonio Ramos Sucre. Augusto Mijares (ii)

Anotemos de paso el poder con que el autor maneja el movimiento o sugiere el reposo; así, cuando arrebata la figura de Bermúdez de la malvada leyenda popular y, en un párrafo, nos deja de pronto inmóvil al “caballero cejijunto”, mientras en el fondo del cuadro se atropellan sus hazañas numerosas.

Por otra parte, no es Ramos Sucre “de esos que piensan con la pluma mojada en la mano y menos todavía de los que se entregan a sus pasiones ante el tintero abierto, sentados en su sillón y mirando el papel”, sus héroes ya han vivido copiosamente en su espíritu cuando se decidía a presentárnoslos; diríase que sólo recurre a la expresión literaria cuando la tensión lírica se le hace insoportable.

Nos transmite entonces la escena que en el momento ve, un fragmento de la interesantísima aventura; pero no por eso cada uno de estos poemas en prosa deja de ser completo y definitivo. El autor aborrece seguramente esa tiranía de socorridas menudencias con que paralizan al lector otros más cautos; tiene la arrogancia de abandonar sus personajes para que vivan en nosotros, porque sabe que su vitalidad no peligra cuando cerramos el libro; las almas tacañas podrán rehuirlos, atermorizarse, pero no trasladarlos a empresas vulgares. Cada uno de ellos sigue viviendo según su voluntad, como Héroes.

Desbordan así estos poemas en lances temerarios, ideas insomnes, pasiones que rehúsan resignarse. Para el que no puede pasar días sin devorar una ración de periódicos o de novelas pseudo naturalistas, esta poesía resulta desconcertante; el que sabe mirar con prudencia la letra de molde y ama las aventuras espirituales, leerá uno de estos poemas, supongamos esa punzante descripción de “El Fugitivo”, y sentirá la necesidad de mantenerse en suspenso, para esuchar, ahora por boca del propio personaje, el relato de sus fatigas; o para seguirlo todavía en su aventura alucinante.

Y al terminar, después de muchos días, el libro, ante la creación con que encuentra enriquecidas para siempre sus perspectivas mentales, sentirá para el autor el agradecimiento con que los perseguidos de La Odisea recibían la hospitalidad, sentados a la mesa de los Héroes. El Aeda cantaba para ellos, y sus miradas, todavía inseguras de fluctuar sobre el peligro, descansaban divagando sobre los muros de la mansión acogedora o siguiendo el ir y venir de las afanosas doncellas.

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El Universal. Caracas, 15 de junio de 1930.

* Notas relacionadas: La poesía de José Antonio Ramos Sucre. Augusto Mijares (i).