La venganza del Dios: el texto

LA VENGANZA DEL DIOS

El desafuero de los habitantes afeaba la fama de aquella tierra amena vestida de flores, rota por manantiales ariscos, amada por la nube de gasa y el sol paternal. Tenía el nombre de una piedra rara y al mar de tributario en perlas.

El Dios velaba el crimen de los hombres en el inmerecido país, y quiso el nacimiento de un mensajero de salud y concordia, lejos de ellos, en la más umbría selva. Nace una noche del seno de una flor, a la luz de un relámpago que pinta en su frente luminoso estigma. Crece al cuidado de las aves y los árboles y al apego de las fieras.

Aquellos hombres reciben la misión de virtud con atrevimientos y excesos y pagan al enviado con trance de muerte ignominiosa. El Dios los castiga engrandeciendo la riqueza de la tierra que mancillan. La nutre de tesoros fatales que son desvelo de la codicia, que dividen al pueblo en airados bandos de ricos y de pobres. Los nuevos dones infestan de odios vengativos y pueblan con huesos expiatorios.

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Un Trackback

  1. Por Para leer a Ramos Sucre « Contrarrima el 18/10/2007 a las 9:01 pm

    […] consiguiente, inflexible” —el aforismo de Ramos Sucre aparenta condensar la breve historia de “La venganza del Dios”. Sobre todo el paralelismo “El Dios velaba el crimen de los hombres . . . El Dios los castiga”, […]

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