La preposición “de”: genitivo objetivo y subjetivo

He aquí el texto de la Real Academia sobre la preposición de, que tanta curiosidad ha despertado a partir de la nota sobre el título “La venganza del dios.

…cuando decimos el amor de Dios, podemos significar el amor que tenemos a Dios, o el amor que Dios tiene a las criaturas. En el primer caso el complemento de Dios se llama objetivo, porque es el objeto de la significación del sustantivo amor; y sería el objeto directo de la oración si sustituyéramos dicho complemento por una oración de relativo; así: el amor con que amamos a Dios. En el segundo caso se llama complemento subjetivo, porque haciendo dicha sustitución, el mismo complemento se convertiría en sujeto: el amor con que Dios ama a los hombres. En este último caso, o sea cuando es subjetivo, suele evitarse la ambigüedad de la frase añadiendo otro complemento; así: el amor de dios a los hombres. En este último caso, o sea cuando es subjetivo, suele evitarse la ambigüedad de la frase añadiendo otro complemento; así: el amor de Dios a los hombres. Cuando no se exprese este segundo complemento, es el contexto el que ha de determinar el sentido de la frase, aunque añadiremos que esta ambigüedad solo ocurre cuando el primero de los dos nombres relacionados con la preposición de sea nombre de acción, como en el amor de Dios; y aún en este caso el contexto lo determina muchas veces. Así, cuando decimos las quejas del desdichado, el complemento tiene que ser necesariamente subjetivo, y en cambio cuando decimos el temor de la muerte, no puede ser más que objetivo. Cuando el primero de los dos nombres dichos sea nombre de agente, el complemento es siempre objetivo; v. gr.: el autor de mi desgracia; el heredero del trono. Pero aun en este caso puede darse ambigüedad en expresiones como la siguiente: el asesino de Juan, con la que podemos expresar que Juan es un asesino, o que nos referimos al autor del asesinato de Juan.

Esbozo de una Nueva Gramática de la Lengua Española, págs. 404-405.

La observación académica debe tomarse cum grano salis. Afirmar que el genitivo en El temor de la muerte es necesariamente objetivo, muestra una excesiva inclinación por lo literal.

* Notas relacionadas: Aproximación a Eugenio Montejo.

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