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El símbolo en José Antonio Ramos Sucre (ii) – Gustavo Luis Carrera

II. Con propósitos directos de aproximación a los fundamentos de la poesía de José Antonio Ramos Sucre, destacaremos, como lo hace Tzvetan Todorov en el capítulo “La crisis romántica” de su texto Teorías del símbolo, que si en la estética romántica puede hablarse de una piedra de toque, esa función corresponde al símbolo. En tal sentido, cabe afirmar que toda la estética romántica viene a ser una teoría semiótica, fundada en lo que es la proclamación de la época: el sentido intuitivo y la manera positiva del símbolo, a diferencia, sobre todo, del otro gran signo: la alegoría. Dice Todorov: … “para comprender el sentido moderno de la palabra símbolo, es necesario y suficiente releer los textos románticos. En ninguna otra parte el sentido de “símbolo” aparece de manera tan clara como en la oposición entre símbolo y alegoría, oposición inventada por los románticos”. (p. 235). Veamos algunos resultados de su exégesis.

El extraordinario trabajo expositivo y analítico de Todorov, de pleno poder convicente, lleva a comprender cómo los supuestos estéticos básicos del romanticismo se condensan en el símbolo, en una suerte de reiteración compendiada, de presencia del todo en la parte, es decir de representación simbólica, y valga la aparente redundancia, ya que con ella, en todo caso, estaríamos cumpliendo con el concepto romántico del contradictorio círculo hermenéutico: ¿Cómo conocer laparte si ella implica el conocimiento del todo, y viceversa? Situación que conduce, por asimilación, a subrayar el otro gran laberinto de la estética romántica: la poesía es indecible, ya que el arte expresa algo  que no se puede decir de otra manera, que no se puede traducir en palabras; y sin embargo la poesía emplea palabras, que tienen la capacidad de significar y representar. Oposición que se resuelve en consideraciones como la de Kant: la poesía emplea el lenguaje haciéndolo capaz de expresar lo indecible, lo estético; de allí que tenga una sobreabundancia de sentidos. Lo cual puede llevar a señalar que lo indecible provoca un desbordamiento del significante por el significado. Y lo que conduce a Novalis a establecer que “la crítica de la poesía es un sinsentido”, “no se puede hablar propiamente de poesía sino en poesía”. Mientras Todorov, apoyándose en planteamientos de Schelling y de Schlegel, llega a conclusiones diferenciadas: “Como el arte expresa lo indedible, su interpretación es infinita”; “la poesía se define por la pluralidad de lo sentidos” (p. 231). No es prematuro asomar desde ya, que la vía romántica nos adentra en la estética de la contradicción de los opuestos. Pero, prosigamos. Todorov subraya la importancia del gran precursor de la teoría romántica, el alemán Karl Philipp Mortiz (quien precede a Goethe en muchos aspectos), al afirmar que la gran ley del arte es convertir la finalidad externa en la finalidad interna, es decir la fusión de lo “heterotélico” y lo “autotélico”, términos opuestos por definición. Y cuando llega, en consecuencia, al gran principio dinámico, de espíritu dialéctico, destinado a poner el acento más en el devenir que en el ser: el arte es una “fusión de contrarios, la síntesis de los opuestos” (p. 191).

Pues bien, esa fusión y esa síntesis encontrarán la más intensa y efectiva representación en el símbolo. Expresa Todorov en tono concluyente: “Si se acepta que los rasgos principales de la estética romántica pueden reconocerse en las categorías (de)… producción, intransitividad, coherencia, sintetismo, expresión de lo indecible, se admitirá también que la noción de símbolo se opone a la de alegoría a través de una u otra de esas mismas categorías, y por consiguiente que esta noción concentra, ella sola, el conjunto, o al menos los grandes lineamientos de la estética romántica” (p. 259).

* Notas relacionadas: El símbolo en José Antonio Ramos Sucre (i) – Gustavo Luis Carrera.

El símbolo en José Antonio Ramos Sucre (i) – Gustavo Luis Carrera

(Consideraciones a la luz del capítulo “La crisis romántica” del texto Teorías del símbolo, de Tzvetan Todorov.)

Gustavo Luis Carrera

I. En línea directa de captación, junto a las singulares condiciones de riqueza expresiva y de sostenida alta temperatura estética lograda por José Antonio Ramos Sucre en el poema en prosa, sobresale en sus textos la importancia básica del símbolo como sustento anímico e instrumental. No se trata ya del recurso simbólico como parte constitutiva de un modo de creación caracterizado en su producto final. En este sentido, resultaría por demás sencillo el señalamiento directo de tal presencia en la obra del cumanés. Es el caso de una correspondencia totalizadora que va desde la motivación gestadora hasta la obra acabada, abarcando toto el proceso de producción, signado por la pauta que lleva de lo particular a lo general, es decir: el recorrido específico de la esencia del símbolo.

De entrada, cabe destacar una ventajosa circunstancia que, felizmente, puede orientar en toda tentativa de acercamiento conceptual a la obra poética de José Antonio Ramos Sucre: sus propias entregas, dispersas y no pocas veces oblicuas, de autocaracterización espiritual y sensible en función de la escritura. No desdeñaremos, en esta oportunidad, tan generosa concesión de simpatía en aquel irreductible habitante de reinos distantes, siempre en lo alto y siempre a solas.

La peculiar condición de los textos poéticos de Ramos Sucre encuentra su mejor puntualización en el propio autor, cuando, en “La suspirante”, perfila una obra regida por: “sucesos extravagantes, acontecidos en reinos imaginarios y narrados con semblante de parodia”, “pasajes burlescos”, “quimeras de la imaginación”, huida “de este mundo a otro ilusorio”, sin que nadie pueda “averiguar el derrotero” de la fuga. Y termina con este cuadro simbólico: la imaginación “vuela sobre los caminos cegados por la nieve y un búho solitario da la alarma en la noche fascinada por el plenilunio”. No es fácil producir una mejor caracterización descriptiva —la primera— y de signo representativo —la última— de esta poesía difusa, evasiva y enigmática. Naturaleza libre que asume el condicionante de su propia oscuridad expresiva y que se compadece a plenitud con la imagen del propio poeta: el yo enfático, de subjetividad altiva y de distancia guardada; la figura ignota, displicente, fuera del alcance perverso de lo común; la autovisión egocéntrica, misteriosa, a las puertas del mito; el pensamiento inefable que causa rechazo en los destinados a no comprender, y que es señal de la riqueza inagotable del espíritu; la adscripción a la estética de la crueldad extrema, espantable, vista como uno de los sustentos vitales del arte; la confesión de la pasión de la fantasía, fuerza primaria; el signo secreto, impenetrable, del artista y el sentido oculto, imposible, del arte 1. El cuadro de caracterizada sensibilidad romántica se hace evidente, con el invalorable refuerzo del autoperfil. Pero no es todo; en “El sigilado” leemos sobre composiciones líricas que revelan “el dejo y la apatía de la desesperanza, el deseo de una felicidad inaccesible”, y cuyo autor “se compara a un boyero de vida humilde y clandestina, zarandeado y desesperado por la suerte”. ¿Sería excesivo pensar que ese mismo poeta es Ramos Sucre? Como sin duda es el lapidario que dibuja “a golpes de cincel un signo secreto”.. “inventado para despertar en los venideros, porfiados en calar el sentido, un ansia inefable y un descontento sin remedio”. Muestras de evidente correspondencia con actitudes y objetivos muy definidos y manejados dentro de la estética romántica; aspecto en el que no ahondaremos en esta oportunidad, salvo en lo tocante a la figura de Goethe y al tema del símbolo 2.

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1Las citas textuales y las ideas sucesivamente registradas pertenecen a los textos de Ramos Sucre: “La ciudad de las puertas de hierro”, “La alborada”, “El sagitario”, “El hallazgo”, “Bajo la advocación de Saturno”, “Los celos del fantasma” y “El lapidario”.

2De otra parte, no sería la primera vez que se señalaría tal vínculo. Ya Argenis Pérez Huggins ha insistido —en trabajo inédito— en los contactos generales de la poesía de Ramos Sucre con los códigos estéticos del romanticismo alemán y francés, y muy especialmente en lo tocante a la esencia poética del sueño. El original señalamiento de Pérez Huggins, ha ido acompañado del de Osvaldo Larrazábal Henríquez, quien ha revelado —también en trabajo todavía inédito— nexos de la postura estética de Ramos Sucre con la de otros poetas venezolanos (o de éstos con él), sustentados todos por una sensibilidad equiparable y reveladora de identificación con una gran escuela o doctrina.

Memoria del III Simposio de docentes e investigadores de la literatura venezolana. Universidad de los Andes. Facultad de Humanidades y Educación. Instituto de Investigaciones Literarias. Mérida, 1978 (edición mimeografiada), Tomo II, pp. 268-282.
Citado de Ramos Sucre ante la crítica. Caracas: Monte Ávila, 1980. págs. 119-201.

* Notas relacionadas: El símbolo en José Antonio Ramos Sucre (ii) – Gustavo Luis Carrera.