Aproximación a Eugenio Montejo

La Nueva aproximación a Ramos Sucre de Eugenio Montejo es un texto en el cual importan menos las respuestas que las interrogantes: éstas sugieren proyectos, sendas, desbordamientos. Montejo se pregunta, por ejemplo, las razones que ordenan los dos últimos libros de Ramos Sucre (Las formas del fuego y El cielo de esmalte). Brinda entonces conjeturas que, apenas esbozadas, descarta, ya que ninguna le satisface. Así, rápidamente escribe: “Tampoco el sentido de los títulos logra revelarnos su secreto, si bien de seguro forma parte de éste”, fórmula contradictoria que aparentemente no invita al diseño de un proyecto ni al recorrido de una senda, pero que pese a todo intentaré justificar, siquiera parcialmente.

Abandonaré para ello el planteamiento original de Montejo y limitaré su dictamen a un breve texto de Ramos Sucre: “La venganza del dios”. No se vea en esto una fácil simplificación. Para comenzar, las mayúsculas del título no permiten determinar si la referencia es a cualquier Dios o a alguno en particular; pero ya que en el resto del texto se lee “el Dios”, asumiré lo último. Doy otra razón: el título original era “La venganza de Brahma”, que el poeta cambió al recopilar los textos de Trizas de papel para incluirlos en La torre de Timón. Las razones de esa decisión son desconocidas. Ángel Rama piensa que son parte del “proceso que lleva a Ramos Sucre a la indeterminación”: al “eliminar el nombre del dios y dejar simplemente la categoría divina, Ramos Sucre acrecienta la indeterminación, amplía el clima de incertidumbre”. Yo pienso en otras razones, más determinadas; pero las expondré en otra ocasión. Para ser más preciso, Ramos Sucre realizó tres cambios: metódicamente sustituyó el nombre Brahma con la frase el Dios en el resto del poema. Esa precisión es necesaria: decir que hizo un cambio en el título y dos en el texto, en obediencia a las convenciones sobre el título, obvia el problema de si las tres apariciones del nombre ‘Brahma’ eran una metonimia de la trinidad hindú, o si las de ‘el Dios’ lo son de cualquier otra divinidad trinitaria.

En cualquier caso, la trinidad de cambios problematiza, sino disuelve, las convenciones sobre los límites del texto, porque texto, aquí, es todo: título y cuerpo. Ya no puede asumirse de manera simple la separación del título y de lo que viene después, ni su función de introducción o nombre de un elemento de la historia, ni su ‘realidad’ contra la ficción del resto. ¿Pruebas? Con el nuevo título se opone la expresión “venganza del Dios” con los finales “odios vengativos”.

La breve historia de cambios no resuelve entonces el misterio del texto, de la historia de un dios que envía un mensajero a una tierra mancillada, de su muerte ignominiosa y del castigo divino con dones que “infestan de odios vengativos y pueblan con huesos expiatorios”.

Pero tampoco lo resuelve un análisis del nuevo título. La frase “La venganza del dios” presenta las mismas dificultades y posibilidades de la teológicamente clásica amor deus, el amor de Dios, cuyo análisis gramatical rinde las ideas de “el amor que Dios nos tiene”, “el amor que tenemos a Dios”, el amor como atributo de Dios, y aun la de la identidad entre Dios y el amor. El significado está suspendido al menos entre cuatro posibilidades: la frase puede referirse a la venganza con que el Dios se venga de los hombres, a la venganza con que los hombres se vengan del Dios, a la venganza como atributo del Dios o a la venganza como esencia divina.

Todas estas posibilidades interpretativas hallan sustento en el texto, en el amplio sentido que antes mencioné. El título “La venganza del dios” introduce, nombra o inicia a la vez la historia de un Dios que se venga de los hombres, la de los hombres que se vengan de un Dios, y también la de ese sentimiento o acción punitiva llamada venganza como atributo o esencia divina; nótese que todo esto vale asimismo para el previo título “La venganza de Brahma”. Hay venganza del Dios y hay venganza de los hombres, y hay un Dios cuyo atributo es la venganza y hay un Dios que es venganza. Y esa incertidumbre ya está en el título.

«Yo escribo el español a base del latín» —recuerda o cita Montejo a propósito de la escritura de Ramos Sucre; ello sugiere que éste, como latinista, fue consciente de las anteriores opciones, que acaso reflexionó sobre las varias interpretaciones y no quiso eliminar ninguna, que el texto fue para él a la vez un registro de la violencia divina contra los hombres y de la violencia humana contra lo divino, y también una meditación sobre la identidad o diferencia entre lo sacro y la violencia —y luego, acaso, un registro de la inacabable violencia de los hombres contra los hombres.

En el reducido ámbito de “La venganza del dios”, Montejo estaba, pues, en lo cierto: el sentido del título no revela el misterio del texto, si bien forma parte de éste —en un sentido, digamos, literal, que ahora debería acompañar nuestra reflexión sobre los títulos de Ramos Sucre. Si alguno deseara ejecutar un proyecto de investigación más amplio sobre el tema, le sugiero incluir textos como “El cautivo de una sombra”, “Fantasía del primitivo” y “La redención del Fausto”. Al final, probablemente, arribará al interrogante de Montejo, y quizá examinará el volumen Las formas del fuego: las formas que da el fuego… que adquiere el fuego… que son el fuego…

* Notas relacionadas: Eugenio Montejo: Nueva aproximación a Ramos Sucre | La venganza de Brahma: el cambio de un dios | La venganza del Dios: el texto.

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  1. […] Pero ese juicio no contiene el movimiento de las interpretaciones. Una de ellas, como he dicho en otro lugar, cuestiona la convención de un título que, desde un supuesto afuera, impone su […]

  2. […] Notas relacionadas: Aproximación a Eugenio Montejo. Esta entrada fue escrita por Víctor Azuaje y publicada el 11/09/2007 a las 10:38 pm y […]

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